Culpable o inocente?

¿Te has sentido culpable alguna vez? Seguro que, en alguna ocasión, has pensado que eres un ser muy malvado, con malos pensamientos, malas acciones y malas intenciones. Ya te estoy viendo casi dándote miedo a ti mism@, imaginando que tu interior debe estar hecho de una materia oscura y densa que mejor no llegar a conocer nunca. Claro, es que nunca somos como nos gustaría ser. Llamamos poco a nuestros padres/madres, no jugamos lo suficiente con nuestros hijos, comemos o bebemos más de lo que deberíamos, no nos quitamos ese maldito hábito de fumar, pagamos un gimnasio al que no vamos, etc.

¿Has culpado alguna vez a algo o alguien de lo que te pasa? Seguro que tu jefe tiene la culpa de que no seas feliz en tu trabajo, el gobierno de que los precios estén por la nubes, las multinacionales de que no podamos parar de consumir compulsivamente y tu marido o mujer de que tu vida sea más aburrida de lo que habías soñado. Por no decir de los compañer@s de trabajo, padres, Iglesia, sociedad, infancia, adolescencia, discapacidades, Trump, herman@s, dinero, clima y un enorme abanico de culpables que tenemos a nuestra disposición sobre quienes cargar la responsabilidad de todo lo insatisfactorio de nuestras vidas.

Pues llegados a este punto, tengo una buena noticia para ti… o mala, según se mire:

TODO TIPO DE CULPABILIZACIÓN ES UNA PÉRDIDA DE TIEMPO.

 

TUS ZONAS ERRÓNEAS

Posiblemente, el libro que más haya regalado en mi vida ha sido “TUS ZONAS ERRÓNEAS”, de Wayne W. Dyer. Sin duda, si lo he regalado muchas veces, debe haber sido porque cuando lo leí me vi muy reflejado en él. El autor hace un repaso de cuales son “las zonas erróneas” que muchas personas tenemos, con el fin de irlas desenmascarando y llegar a ser, por fin, “una persona libre de zonas erróneas”.

¿De qué estamos hablando? Pues de temas como hacerte cargo de tu vida, de tener autoestima, de no necesitar la aprobación de los demás, de romper con el pasado, de liberarnos de la culpabilidad y de la preocupación, de atrevernos a explorar lo desconocido, de romper la barrera de los convencionalismos, de no caer en la trampa de estar buscando una justicia que no existe como tal en la naturaleza, de acabar de una vez con las postergaciones, de eliminar la dependencia psicológica de otra/s persona/s y de decir adiós a la ira. ¡Casi nada!

Te recomiendo fervientemente este libro. Léelo y reléelo tantas veces como te sea posible, de principio a fin o bien centrándote en aquellos capítulos que hacen referencia a aquellos temas que más te cuestan. Verás como poco a poco irás convirtiéndote en una persona libre de zonas erróneas y, en consecuencia, en un ser humano más feliz.

 

CULPABILIDAD Y PREOCUPACIÓN

Como habrás podido adivinar por el título del post, el tema en el que me voy a centrar es el que considero como uno de los más dañinos en el proceso de crecimiento personal: el sentimiento de culpabilidad y la preocupación.

Wayne W. Dyer titula el capítulo correspondiente como: “Las emociones inútiles: culpabilidad y preocupación” y empieza diciendo:

Si tú crees que sentirte mal o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad.

A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Son los grandes despilfarros: la preocupación y la culpabilidad; la culpabilidad y preocupación. Al examinar estas dos zonas erróneas, te irás dando cuenta de lo conectadas que están; en realidad pueden ser vistas como los extremos opuestos de la misma zona:

 

Abundando un poco más en la CULPABILIDAD y en la PREOCUPACIÓN, Wayne W. Dyer dice:

Somos muchos los que hemos sido sometidos a una verdadera conspiración de culpabilidad en nuestras vidas; una conspiración no premeditada pero muy eficiente destinada a convertirnos en verdaderas máquinas culpables. La máquina funciona de la siguiente manera. Alguien emite un mensaje destinado a recordarte que has sido una mala persona por algo que dijiste o no dijiste, sentiste o no sentiste, hiciste o no hiciste. Tú respondes sintiéndote mal e incómodo en tu momento presente. Tú eres la máquina de culpabilidad. Un aparato que respira, habla, camina y reacciona con cargas de  culpabilidad cada vez que le echan el combustible apropiado. Y debes estar bien aceitado si has estado totalmente inmerso en nuestra cultura que es una cultura productora de culpas.

¿Por qué has recibido los mensajes de preocupación y culpabilidad que te han echado encima todos estos años? En gran parte porque se considera “incorrecto” que no te sientas culpable, e “inhumano” que no te preocupes. Todo está relacionado con la IMPORTANCIA que le des a los problemas. Si realmente te importa una persona o cosa, demuestras este interés sintiéndote culpable por las cosas terribles que has hecho al respecto, o dando muestras visibles de que su futuro te preocupa. Es casi como si tuvieras que demostrar tu neurosis para que te clasifiquen y consideren como a una persona a quien le importan los demás.

La culpabilidad es, de todas las zonas erróneas de comportamiento, la más inútil. Es de lejos la que despilfarra mayor cantidad de energía emocional. ¿Por qué? Porque, por definición, te estás sintiendo inmovilizado en el presente por algo que ya pasó. Y no existe culpabilidad por grande que sea, que pueda cambiar la historia.

Ya, muy fácil de decir… pero, ¿cómo erradicamos la CULPABILIDAD de nuestras vidas?

Pues empezando a mirar el pasado como algo que jamás puede modificarse, sientas lo que sientas respecto a él. ¡Se acabó! Y cualquiera que sea la culpa que escojas, no te servirá para cambiar el pasado. Graba esta frase en tu conciencia: “Mi sentimiento de culpabilidad no cambiará el pasado ni hará que yo sea una persona mejor”. Este tipo de enfoque te ayudará a diferenciar la culpabilidad del conocimiento que puedas arrancar al pasado.

Respecto a la PREOCUPACIÓN, ¿te has fijado en la composición de la propia palabra?

PRE – OCUPARSE

Literalmente, “ocuparse antes de tiempo”. ¿Qué crees que tiene más sentido, ocuparse de algo cuando ha llegado el momento de poder resolver el problema en cuestión, o hacerlo antes de tiempo cuando solo va a suponernos un seguro dolor de cabeza, sin más? Estoy seguro que estamos de acuerdo en la respuesta.

Wayne W. Dyer dice, acerca de la PREOCUPACIÓN:

¡No hay de qué preocuparse! ¡Absolutamente de nada! Puedes pasarte el resto de tu vida, empezando ahora mismo, preocupado por el futuro, y por mucho que te preocupes, no cambiarás nada. Recuerda que la preocupación ha sido definida como el sentimiento que te inmoviliza en el presente por cosas que pueden llegar a suceder en el futuro. Debes tener cuidado en no confundir la preocupación con el hacer planes para el futuro. Si estás haciendo planes para el futuro y la actividad del momento presente puede contribuir a que ese futuro sea mejor esto no es preocupación. Sólo es preocupación cuando de alguna manera te encuentras inmovilizado en el presente por algún acontecimiento que puede suceder en el futuro.

La preocupación es endémica en nuestra cultura. Casi todo el mundo pierde una increíble cantidad de momentos presentes preocupándose por el futuro. Y todo ello no sirve para nada. Ni un solo momento de preocupación logrará mejorar las cosas. Peor aún, es muy posible que la preocupación anule tu eficacia en el presente.

Perfecto, pero, ¿cómo conseguimos dejar de preocuparnos por el futuro?

Empieza a ver tus momentos presentes como un tiempo para vivir en vez de obsesionarte por el futuro. Cuando te pilles angustiándote, pregúntate a ti mismo: “¿De qué me estoy evadiendo al gastar este momento en preocupaciones?”. Entonces empieza a atacar lo que estás evitando o lo que sea que te impulsa a evadirte. El mejor antídoto para la preocupación es la acción.

 

Y para acabar, un par de maravillosas citas:

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