Los 7 compromisos de las empresas responsables

Allá por el año 2008 andaba yo muy interesado por el tema del cambio de la humanidad. Estaba convencido de que la crisis que entones empezaba iba a ser un acicate para el inevitable cambio (a mejor, of course!) que la humanidad debía dar. Supe de una plataforma que se había creado llamada Alianza para la Nueva Humanidad y, pesar de su nombre de secta religiosa, me inscribí a unas jornadas que se realizaron en Barcelona. ¡Madre mía, menudo subidón! Al frente de este grupo había personas del prestigio y reconocimiento mundial como Deepak Chopra (médico, escritor y conferenciante indio), Federico Mayor Zaragoza (profesor, poeta, político y exdirector general de la Unesco), Óscar Arias (expresidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz), Vandana Shiva (filósofa y escritora india, activista en favor del ecofeminismo), entre muchos otros. Fueron unos días increíbles y salí absolutamente convencido de que el cambio era inevitable y que pronto empezaríamos a notar sus efectos. Por desgracia, la potente energía creada en esos días se fue perdiendo poco a poco y con el tiempo dejé de escuchar hablar sobre este proyecto. Eso sí, la página web que se creó para la ocasión es hoy una página de salud, fitness y nutrición orientada a mujeres. ¿Dónde me he perdido?

Años más tarde, asistí a una conferencia del economista y escritor austríaco Christian Felber. Hablaba de su organización llamada Economía del Bien Común, “un proyecto económico abierto a las empresas que pretende implantar y desarrollar una verdadera economía sostenible y alternativa a los mercados financieros en la que necesariamente tienen que participar las empresas”. Salí con otro subidón de la charla y tuve la clarividencia de que por fin alguien había encontrado la piedra filosofal y que, en adelante, nada volvería a ser igual. Para mi frustración, los años han ido transcurriendo y no he percibido un cambio radical en el planeta, al menos en el sentido que yo esperaba. Aunque a diferencia del caso anterior, el colectivo sigue trabajando en el tema y la página web está vigente y actualizada.

También recuerdo con más indignación que nostalgia ­el bombo y platillos con que muchas empresas pregonaron a los cuatro vientos sus actuaciones en materia de RSC (Responsabilidad Social Corporativa). Pude comprobar por mí mismo como algunas empresas que yo calificaría de “depredadores sociales” crearon departamentos de RSC que hablaban de una serie de bondades que, o bien eran inexistentes, o bien eran pura fachada que enmascaraba la realidad de sus actuaciones con clientes y empleados. Como se suele decir, “hecha la ley, hecha la trampa”.

Después de estos tres espejismos (y, posiblemente, algunos otros más), empeñado en seguir persiguiendo utopías, vino a mi memoria aquella magnífica cita de Ghandi que dice: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” y, ¡entonces, fue cuando lo vi claro! No se trata de que venga alguien con una pócima mágica y nos lo cambie todo sin esfuerzo por nuestra parte. Por el contrario, el cambio debe venir desde abajo, de cada uno de nosotros, hacia arriba. Esto es válido en términos de consumidor, pero tiene mucha más relevancia, en mi opinión, si lo planteamos en términos de empresas. ¿Por qué? Cuando yo estudié economía, en la facultad nos decían aquello de que “las empresas satisfacían las necesidades de los consumidores”. Pues bien, hoy en día, en la era de internet, de las redes sociales, de la inmediatez, de la imagen, del low cost, etc. las empresas no solo satisfacen necesidades, sino que crean necesidades a los consumidores. Es por ello, que el nivel de responsabilidad de las empresas en la sociedad ha aumentado considerablemente y, en consecuencia, se hace necesario hacer un análisis de los criterios de actuación seguidos y asumir ciertos compromisos ineludibles. En este sentido, mi propuesta es que cada empresario que lea este artículo asuma, si así lo desea, los siguientes 7 COMPROMISOS DE LAS EMPRESAS RESPONSABLES:

 

1. Maximización del beneficio social frente a maximización del beneficio económico: se trata de poner el foco en las personas, ya se trate de consumidores o empleados. Cuando el foco se pone en la cuenta de resultados, el resto de elementos sirven a este fin. Es posible que a corto plazo sea efectivo, pero a largo plazo no se sostiene.

 2. Sostenibilidad económica: poner el foco en las personas no significa actuar como una ONG sin ánimo de lucro. Las empresas están obligadas a ser sostenibles económicamente, a ganar dinero con lo que hacen. Si tu empresa no gana lo suficiente, pronto tendrá problemas y pondrá en riesgo su misión.

 3. Independencia financiera: cuando la actividad de la empresa queda condicionada a la exigencia de reparto de dividendo a los accionistas o bien por las condiciones de devolución de los créditos bancarios (entre otros tipos de deuda) es muy complicado mantener el foco en el beneficio social, pasando automáticamente a situarse en la cuenta de resultados. En consecuencia, cuanta mayor independencia financiera tenga la empresa, más fácil será desarrollar su actividad sin interferencias.

 4. Gestión profesional y eficiencia: tener una estructura superior a la actividad generada equivale a viajar con una mochila cargada de piedras. Tener empleados poco eficientes, por baratos que resulten, es un coste imposible de soportar. Es recomendable revisar y ajustar los costes de estructura en todo momento y perseguir la mayor eficiencia posible.

 5. Toma de decisiones consciente: es imprescindible transformar la gran cantidad de datos que hay en una empresa en información, y a su vez, la información en conocimiento y en inteligencia. Contar con un cuadro de mando completo y simple a la vez es vital para poder tomar las decisiones correctas en el momento preciso.

 6. Objetivo común, compromiso colectivo: se hace necesario acabar con la absurda confrontación entre empresarios y trabajadores. O se comprende por ambas partes que se está viajando en el mismo barco y que es necesario el concurso de todos sus miembros, o el barco acabará zozobrando. Se hace necesario el establecimiento de políticas de participación en beneficios por parte de los trabajadores cuando las cosas van bien, y de asunción de sacrificios, cuando la supervivencia de la empresa esté en riesgo.

 7. Crecimiento natural adaptado al ciclo vital: al igual que el ser humano, la empresa debe tener etapas de crecimiento y de consolidación. Pretender crecer indefinidamente lleva a muchas empresas a perder su identidad y su razón de ser. No todas las empresas necesitan ser muy grandes, encontrar el tamaño adecuado y saber sacarle el máximo rendimiento es una difícil labor, pero muy satisfactoria cuando se consigue.

Acabo este artículo imaginando que, si Ghandi viviese en la actualidad, posiblemente diría: “Que las empresas tomen la iniciativa del cambio que el mundo necesita”.

Yo ya me he puesto a trabajar en ello, ¿me acompañas?

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(Este artículo ha sido publicado en la Edición Especial 2018 de la revista de la Cámara de Comercio de Perú en España, págs. 29-30 http://www.ccipc.org/publicaciones.phpGracias a la Cámara por ofrecerme un espacio en su excelente revista).

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