La reencarnación y el mito del carro alado

Cuando era pequeño tenía un sueño recurrente. Viajaba dentro de un túnel infinito, en forma de espiral. Iba solo, nadie me acompañaba. Avanzaba dentro del túnel, como flotando. No recuerdo tener un cuerpo físico, solo YO, mi conciencia, mi esencia.

Cuando me despertaba por la mañana, lo recordaba perfectamente. Siempre la misma sensación de viaje infinito, dentro de esa espiral. No estaba sobresaltado, ni asustado, pero tampoco me dejaba tranquilo el no saber qué era el dichoso sueño. Como tantas otras cosas, a medida que fui creciendo dejé de tener ese sueño. De hecho, hasta me olvidé de él. 

Ya de más mayorcito, hice un curso en el que se hablaba, entre muchos otros temas interesantes, de la reencarnación. Era un tema que yo nunca había contemplado demasiado, ni siquiera sabía a qué se referían exactamente cuando escuchaba hablar de él. Supongo que mi educación católica tenía bastante que ver en esta cuestión. Pero a medida que iba sabiendo más sobre el tema, más me convencía de su validez. Y de pronto, un día, me vino la idea de que ese sueño que tenía de pequeño era el recuerdo de mi encarnación, era el viaje que hizo mi conciencia desde la dimensión en la que se encontraba hasta encarnar en el feto que se hallaba en el vientre de mi madre. Yo no tengo duda alguna de esto que os he contado, así como tampoco de que la reencarnación existe, que nuestra conciencia regresa una y otra vez a un cuerpo físico para evolucionar y perfeccionarse…

… pero no tienes porque creértelo, solo acéptalo como un dato.

 

LILAH O EL JUEGO DE LA VIDA

Los hinduistas utilizan un concepto para explicar la creación. Se trata de LILAH , o el juego de la vida (disculpad el juego de palabras con el que he seleccionado la foto de color lila). Para ellos, Dios (Brahman) es plenitud absoluta, la perfección. Simplemente, no necesita nada porque lo tiene todo. En realidad, Él ES todo. Al tenerlo todo, no tiene ninguna necesidad de crear nada. Pero, para entendernos, se aburre. Si me permitís la broma, debe ser como aquellos millonarios que lo tienen todo y necesitan meterse en bañeras llenas de Moet & Chandon para dar sentido a sus vidas. Pues a Brahman, cuando crea el mundo, le pasa algo parecido. Quiere jugar, por puro gusto, por puro placer, por pura diversión. Es un acto de libertad, nunca de necesidad.

Al crear el mundo, Brahman pone una partícula de él mismo en cada objeto de su creación. De ahí aquello de que “Dios está en todos sitios”. El objeto del juego es que cada una de sus creaciones evolucione de tal modo que llegue a la perfección, que llegue a ser como el mismo Brahman. Para ello, la conciencia (la partícula divina, que es inmortal) se encarna una y otra vez, hasta llegar a la iluminación, en términos budistas.

O sea, es como ir de vacaciones. Sales de casa, te metes en el papel de guiri, viajas, aprendes cosas de otras culturas, comes cosas nuevas, lo pasas bien, lo pasas mal y, finalmente, vuelves a casa. Pero a pesar de volver al punto de partida, nunca volverás a ser el mismo.

EL MITO DEL CARRO ALADO DE PLATÓN

En el mito del carro alado hay tres personajes que representan los atributos del alma. El primero de ellos, es el auriga, que es quien conduce el carro de dos caballos. Para los que no lo sepáis, un auriga era, antiguamente, un esclavo de confianza que conducía el carro de un alto militar (yo no lo sabía). Los otros dos personajes son los dos caballos.

Uno de los caballos es hermoso, ágil, blanco y lleno de bondad (por respeto a Platón, pasaré por alto eso de que lo blanco es bueno y lo negro es malo, bastante racista hay ya por ahí suelto). Éste caballo blanco representa la nobleza del alma y su parte racional. El otro caballo, el negro, es justo lo opuesto al blanco, es feo y representa las pasiones del alma.

El carro está provisto de alas y va viajando entre la tierra de los hombres (y mujeres) y el cielo de los dioses. El auriga tiene la difícil misión de conducir un carro que está desequilibrado, entre las bondades de su caballo blanco y las pasiones de su caballo negro.

Para Platón, el alma de los dioses se expresaba en un carro que era tirado por dos hermosos caballos blancos. El auriga que conducía el carro del alma de los dioses no tenía dificultades para dirigirlo y cuanto más se acercaban al mundo de las ideas y del conocimiento, sus alas se fortalecían y esa alma se engrandecía cada vez más.

En cambio, el auriga que tenía como misión conducir el carro alado, tenía que realizar un gran esfuerzo por la lucha que representaba el intento del caballo blanco de llevar al alma humana al mundo de la Ideas, mientras que el otro caballo estaba deseoso por volver al mundo material y de las pasiones.

En el mito del carro alado, el conocimiento era el alimento con el cual las alas de los carros se fortalecían. Si en la lucha entre el caballo blanco y hermoso de la nobleza y el conocimiento, y el caballo negro de las pasiones, éste último lograba dominar al carro, sus alas se debilitaban y el auriga estaba obligado a descender en la tierra, donde el alma caída deberá encarnarse en un hombre.

Para Platón, el hombre era la materialización de un alma que había sido derrotada en su batalla por el conocimiento, y ahora, en la tierra, debía redimirse para volver a alcanzar, nuevamente, el mundo de las ideas.

Platón, en su mito del carro alado, nos explica que la única forma de redención que posee el alma humana, es a través del conocimiento y llevando una vida libre de pasiones. Al caer en la tierra y encarnar en una persona, el alma olvida todo lo que ha visto del mundo de las ideas, por eso Platón, señala en el mito del carro alado, que, si el ser humano cumple exitosamente su labor en la tierra, en cada encarnación mejorará su posición pero que su vuelta al mundo de las ideas demandará 10 mil años. Sólo el filósofo, si repite su vida tres veces, podrá volver al mundo de las ideas.

Moraleja: a no ser que estés ya cercano/a a la iluminación y al mundo de las ideas, disfruta de las pasiones de la vida. Ya repetirás curso más adelante.

Nos vemos en la próxima vida.

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2 comentarios sobre “La reencarnación y el mito del carro alado

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