Migraciones: el Sur también existe

Nos sentamos a la mesa a cenar. Ponemos el mantel, servilletas, cubiertos, platos y vasos, lo usual. De vuelta a casa hemos parado en el supermercado del pueblo y hemos comprado algo de pescado. Era muy fresco y estaba bien de precio. Lo hacemos a la plancha, sin salsas que escondan su auténtico sabor. Unas verduras al dente dan un toque de color al plato. Además, como ha sido un día duro, nos autoconvencemos de que la cena merece ser acompañada con una botella de un buen vino blanco que tenemos en la nevera. Tardamos unos segundos en tomar la decisión, somos muy facilones para estas cosas.

Automáticamente, casi sin darnos cuenta, encendemos la televisión y ponemos un canal de noticias. Nos cuentan la historia de Neptalí, un migrante hondureño de 32 años al que le falta una pierna y que viaja acompañado de su esposa y 3 hij@s. Después de varios días en caravana a pie, llegaron a la frontera mexicana, topándose con la policía que les lanzó gases lacrimógenos. Ante la imposibilidad de cruzar, Neptalí y su familia durmieron a la intemperie tumbados en el asfalto. Neptalí explicó al reportero que huían de la pobreza de su país, de la imposibilidad de encontrar un trabajo para alguien como él y del riesgo de ser el cuarto miembro de su familia asesinado. Ajena a estas circunstancias, su hija Nataly de 6 años le dice al reportero que echa de menos a su abuela y que, de mayor, quiere ser maestra.

El pescado está exquisito. Las verduras son ecológicas, muy sabrosas. El vino ayuda a potenciar los sabores y refresca la boca.

Ahora le toca el turno a un pesquero español que ha recatado a 12 migrantes a punto de ahogarse en aguas internacionales. Los tripulantes están pasando por un momento muy complicado, ya que después de recoger y alimentar a estas personas, los víveres empiezan a escasear y, además, la previsión del tiempo indica que hay amenaza de temporal. El Gobierno español negocia un acuerdo con Libia para que sean entregados allí, ante lo que los migrantes se niegan en redondo. Antes, prefieren morir.

¿Hay algo de postre? Así podremos apurar el poco vino que aun queda en la copa. 

Cuando estoy regresando de la cocina la voz de la locutora me recibe de nuevo. Ahora habla de la crisis de los rohingya, esa minoría musulmana que huye de Myanmar hacia Bangladesh porque en su país, un estado budista, no les reconocen como ciudadanos. Nos recuerda que la presidenta del país, Aung San Suu Kyi, fue Premio Nobel de la Paz en 1991, para reconocer su lucha por la democratización de Birmania, el antiguo nombre de Myanmar.

– ¿Te ha gustado la cena?

– Sí, cariño. Estaba todo muy bueno. Anda, cambia de canal y pon una película, que siempre están con las mismas historias en las noticias. Y sube un poco la calefacción, parece que están bajando las temperaturas ahí fuera.

 

Nadie es ilegal

Y así, van pasando los días. Cada vez más inmunizados ante una catástrofe que está sucediendo ahora mismo, delante de nuestras narices, retransmitida en directo por televisión. ¡Claro que nosotros tenemos nuestros problemas! Y como es lógico, debemos afrontarlos cada día para intentar salir adelante en este mundo cada vez más complicado. Pero, en mi opinión, hay algo que deberíamos intentar que no nos pasase. Deberíamos evitar dar por “normal” algo que no lo es. Deberíamos evitar creer que algún ser humano es ilegal solo por el hecho de no tener un determinado papel o documento. Deberíamos aceptar que alguien que se está muriendo de hambre en su país y que no tiene futuro alguno tiene todo el derecho del mundo a buscar algo mejor para poderse desarrollar como persona y poder tener una vida rica y digna. Solo así, la humanidad aun tiene esperanza.

Me da la risa cuando veo a Trump prohibiendo la inmigración en Estados Unidos. ¿Pero de dónde cree que ha venido él? Mucha pinta de nativo, yo no le veo. Esa tierra acogió a sus antepasados que huían de la pobreza y miseria en busca de un mundo mejor. ¿Dónde están las diferencias con la situación actual?

Leí en algún sitio que el ser humano es originario de África y que a partir de ahí fue poblando el resto del mundo. ¿No te parece gracioso el tema? Los que descendemos de africanos negamos a africanos que hagan lo mismo que hicieron nuestros ancestros.

Quizás no puedas hacer mucho para solucionar este problema de dimensiones estratosféricas, pero al menos te pido que no lo aceptes como algo natural. Si cada uno de nosotros hace este pequeño gesto, más pronto que tarde las cosas empezarán a cambiar.

La educación: motor del cambio

Como suele pasar, sobre el papel el tema no parece tan difícil de resolver. Solo es cuestión de voluntad. Por más muros que levantemos, por más concertinas que pongamos en lo alto de ellos, por más policías que pongamos a frenar a los inmigrantes, el problema continuará estando ahí. Es como poner un tirita encima de una herida infectada, quizás nos parezca que ya está curada pero tarde o temprano seguirá supurando.

Para solucionar este enorme problema hay que ir a la raíz del mismo, al origen de todo. Se trata, en definitiva, de dar las oportunidades en los países de origen, para que nadie tenga que emigrar por necesidad. Quien lo haga, que sea para aprender otros idiomas, otra cultura y para dar a conocer la suya, pero no para poder trabajar, comer o evitar ser asesinado.

¿Qué hay que hacer? Pues, entre otras cosas, lo siguiente:

  • Desarrollar la educación en los países de origen. Un pueblo ignorante es un pueblo sometido y sin opciones. La educación abre las mentes y busca soluciones. Naciones Unidas tiene mucho que hacer en este sentido.
  • Reducir la natalidad y mejorar la calidad de vida: aplicar métodos de control de natalidad para que se tengan solo l@s hij@s que se deseen y se puedan criar satisfactoriamente.
  • Desarrollar una economía productiva: la mayoría de los países que consideramos pobres son inmensamente ricos en recursos naturales que se extraen de manera salvaje por los países del norte. Se trata de un expolio en toda regla, consentido por los gobiernos corruptos de los países afectados.
  • Acabar con el tráfico de drogas: hay una inmensa hipocresía detrás de este lucrativo negocio en el que participan muchos gobiernos con la complicidad de la banca internacional, que lava los fondos y los deposita en paraísos fiscales lejos del alcance de los ciudadanos de a pie.
  • Hacer un pacto entre las religiones del mundo: si todas ellas explican lo mismo (quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos), ¿por qué hay tantos conflictos causados por ellas? ¿Por qué no podemos intercambiar puntos de vista respetando a los que no lo ven como nosotros?
  • Garantizar la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: está todo ahí escrito, solo falta que se cumpla.
  • Empoderarnos como ciudadanos: no somos conscientes del poder que tenemos para cambiar las cosas. Esperamos que los políticos que nos gobiernan hagan todo el trabajo, pero luego nos dejamos engañar y  manipular por ellos y permitimos que nos traten como auténticos idiotas.
Este post se leerá en algunos de los países más pobres del planeta. Que sepáis que no estáis solos, somos muchos los que estamos a vuestro lado.
 
crea2vida-crea-tu-vida-stop


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3 comentarios sobre “Migraciones: el Sur también existe

  1. En realidad es cierto que lo vemos todo como normal, nadie està de acuerdo pero seguimos cenando, nosotros somos diferentes (es lo que creemos )…
    Es cierto que no podemos cambiar el mundo, pero si nuestra casa, nuestro entorno…

  2. Fantástica reflexión, gracias por recordarme de una manera tan maravillosa, lo importante de la vida.

    Gran Valentín!!!!

  3. Después de más de 20 años al servicio de la política social, me permitiré excluir el nombre propio de “social” por “suciedad”.

    Hoy vivo un duelo, que desde la resiliencia lo convierto en oportunidad, por tantos años al servicio de los poros deshumanizados que presenta las autoridades en ambos lados, donde los migrantes se exponen a las humillaciones y brutalidad de la corrupción política, sometiéndoles a toda clase de vejaciones que incluyen la privación de su libertad y modalidades de esclavitud moderna.

    Uno de tantos problemas o síntomas que presentan las autoridades nacionales e internacionales, radica en un problema de enfoque, de salud mental… son entes o aliens, porque ni tan solo merecen ser denominados personas, sin corazón, ni alma.

    Es urgente hacer cambios en las políticas públicas e internacionales deshumanizadas, que garanticen la protección de los derechos humanos de la comunidad migrante, sin importar cuál sea su situación legal, hablamos de dignidad de la persona y de su vida y la del planeta.

    Si a alguien le otorgo el título de Héroe, son a las personas víctimas de discriminación social, sean migrantes o no!!

    Gracias por permitir este espacio de expresión y gracias a estas porosidades que me permiten ser más yo, lo mejor está por llegar…

    Más proyectos como Open Arms!!

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