El peso de las costumbres y tradiciones

EL TIÓ DE NAVIDAD

Siempre me había parecido un poco extraña la costumbre que tenemos en Catalunya por Navidad a la que conocemos por «fer cagar el tió» («hacer cagar al tió»). L@s niñ@s, la noche del 24 de diciembre, dan golpes con un palo a un pequeño tronco que tiene una cara pintada en uno de sus frontales y que está tapado con una manta. A la vez que lo golpean, cantan una canción en la que «sugieren» al tió que cague cosas ricas y dulces si no quiere recibir más palos. Al final de la canción, levantan la manta y encuentran los regalos y caramelos que el tió acaba de defecar. Bueno, a pesar de que la tradición está muy arraigada, hay que reconocer que tiene su punto escatológico.

Pero ayer cambió mi visión por completo…

Mi amigo Amadeu nos explicaba sus recuerdos del tió cuando era niño. Su abuelo les contaba que debían ir al bosque a buscar un tronco de higuera bien grande que pudiera arder en el hogar la noche del 24. Pero no podía ser un tronco cualquiera, debía ser uno que estuviera cubierto de «polvo de luna», es decir, que en la última luna llena antes de ese día hubiera estado expuesto a su luz, impregnándose de ese maravilloso y mágico polvo. Una vez encontrado ese tronco, se llevaría no sin esfuerzo hasta la casa, encarándolo a la chimenea en la que se le haría arder durante largas horas.

Cuando el tronco ya estuviese quemando, el abuelo se pondría de pie junto a él, solemnemente. En medio de un silencio sepulcral parcialmente roto por el crepitar del fuego, iría dando golpes con su vara a la parte del tronco que estaba quemando en ese mismo momento. A cada golpe, recordaría a uno de los ancestros familiares ya fallecidos, explicando a los más pequeños sus logros en la vida y sus características más bondadosas. Las chispas que se desprendían en cada golpe simbolizaban el espíritu del difunto, que de alguna manera, hacía acto de presencia mientras se hablaba de él/ella.

Posteriormente, los adultos escondían pequeñas golosinas entre las rendijas del tronco que aun no había ardido. Cuando los niños, más tarde, golpeaban el tronco con sus pequeños palos, las golosinas caían mágicamente al suelo, simbolizando los regalos que los difuntos les hacían en agradecimiento al homenaje recibido.

Encontraréis otras versiones de la historia del «caga tió», pero yo me quedo con ésta.

Gràcies, Amadeu!

 

ROMPE TUS CADENAS

Las tradiciones y costumbres familiares pueden ser algo muy bonito que disfrutes y que te emocione… o puede ser un auténtico lastre en tu vida, una cadena de la cuál parece casi imposible soltarse. Aunque, en realidad, de ti depende.

Hace años vivía las Navidades con auténtico sufrimiento. Comprar regalos nunca ha sido uno de mis deportes preferidos, especialmente, cuando debo hacerlo por «obligación». Las comidas familiares no me parecen mal, me gustan, pero cuando hay más de 10 personas, «obligadas» a comer y beber demasiado, a gastar una cantidad de dinero desproporcionada, a tener que quedar por «costumbre» el 24, el 25, el 26, el 31 (de diciembre), el 1 y el 6 (de enero), la cosa ya roza la esquizofrenia. Siempre hablando desde mi postura personal, respetando cualquier otra que no coincida con la mía.

Con el tiempo, en casa hemos ido adaptando las Navidades a nosotros, en lugar de adaptarnos nosotros a ellas. Seguimos quedando con la familia para comer, pero solo un día. Celebramos el cambio de año, pero siempre en casa, de manera tranquila y no más de 5 personas. Hemos dejado de comprarnos regalos hace tiempo, al menos por obligación o porque «toca». En su lugar, preferimos regalarnos experiencias juntos como viajar, ir a un restaurante o a un concierto. Y si un día, paseando por algún lugar, vemos un regalo que nos hace pensar en la otra persona, lo compramos, pero no tiene porqué ser nada caro y ni siquiera un día señalado en el calendario. Entiendo que cuando hay niñ@s la cosa es algo más complicada, pero siempre hay un término medio entre la desproporción absoluta y el disfrute en familia. De cada uno depende dónde situar esa línea.

Te invito a que cada vez que tengas que hacer algo que no te satisfaga, ya sea en Navidad o en cualquier otra época del año, lo pienses dos veces y decidas si, en verdad, deseas o no hacerlo. Cuando empieces a romper tus cadenas te encontrarás con personas que no te comprendan, que te critiquen y te juzguen por tus decisiones, aunque muchas veces será porque estás haciendo algo valiente que ell@s no se atreven a hacer. Tan solo pide que se acepte tu decisión, aunque no se comprenda, y observa la escena mientras vuelas en libertad alejándote de tus cadenas rotas.

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3 comentarios sobre “El peso de las costumbres y tradiciones

  1. Guauuuuuuuu, me encanta esta nueva visión (al menos para mí) de «fer cagar el tió»», y totalmente de acuerdo en «revisar todo lo establecido como tradición» muchísimas gracias Valentín por tus aportaciones!!!!

  2. Entrañable tener la oportunidad de leer el presente post, me sumerge a cómo los pensamientos son libres y con ellos el deseo de cómo querer vivir y con-vivir, en lo que denominaría «devolverle el sentido a la Navidad».

    Dónde se encuentra mi felicidad en estas fechas y en mi día a día, en dedicarle exclusividad a las personas que inundan de amor mi corazón, ya que el amor me atrevo a afirmar que es una necesidad vital, que contrarresta sentimientos desoladores, dicho de otro modo «más momentos agradables y positivos con personas que suman en mi vida una atención respetuosa, sensibilidad, amor y humanidad».

    Esta libertad de pensamiento cambia rutinas, prioridades y fomenta el pensamiento en aquello que para mí es fundamental, una buena presencia y compañía, sin necesidad de las exigencias económicas y de consumo de nuestra sociedad.

    Aunque el tiempo es gratuito, el tiempo perdido no vuelve!!!

    FELIZ VIDA!!!

  3. Fa anys que la meva felicitació de Nadal és:
    «Sant Nadal de cada dia»
    Molta gent no ho entén però… és el seu problema.

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